¿Que los niños son crueles? ¡Vaya noticia! Sólo la fantasía romántica de Disney inventó enanitos buenos, princesas dulces, mendigos amorosos? Los niños (y los adultos) son crueles.

Pero vamos a los niños: Hace ya mucho tiempo, Freud habló del niño como "perverso polimorfo". Que, justamente, debe ir cediendo su crueldad para entrar en un sistema de leyes que le permita habitar el mundo simbólico de la cultura y la producción, para ser amado -o al menos aceptado- por sus padres, escuela, amigos, quienes a su vez deben resignar la tentación siempre al acecho de su propia crueldad. Cada uno debe acotar sus impulsos criminales e incestuosos, la tentación de abusar del más débil o del excluido, para sostener esa frágil construcción que es la sociedad humana.

Para esto cada cultura ha inventado sus leyes, que siempre dicen "no todo puedes". Allí se montan el Derecho, las Religiones, las Lenguas. En fin, las normas que organizan los pactos para construir un mundo más o menos habitable por todos. Pero ocurre que con el neocapitalismo, en el lugar de las leyes que regulan las vidas humanas, se han instalado las leyes del mercado. Los chicos no son alumnos de las escuelas: son clientes. No se los puede sancionar porque valen por una cuota. No se buscan sistemas de inclusión eficaces para los niños pobres: hay que llenar la planilla aprobando a todos y "hacer como si" estudiaran, porque si no se pierde el subsidio. Los niños no hablan: se conectan por face. No juegan a la guerra: están en guerra.

Si la lógica de las leyes sociales pretende que cada sujeto pierda algo de sí para ganar en el intercambio (por ejemplo: puedo cambiar figuritas, o jugar y dar una prenda, respetar los turnos en el juego? algo de la omnipotencia se debe perder para poder compartir con otro) la lógica de este capitalismo apunta a lo contrario; no pierdas nada. Todo puedes. El rico es cada vez más rico, cueste lo que cueste. La clase media se endeuda y acepta todo sin cuestionar para creer que es rica, los pobres caen del sistema. La tecnología hace lo suyo: da objetos que parecen reemplazar el amor, la amistad, el lazo social, de inmediato y sin costo alguno.

De este modo no se acota la violencia, se la potencia. No se construyen así sujetos ni ciudadanos, se construyen consumidores y clientes.

En esta lógica del consumo, ¿A qué padre le cae mal que sus hijitas se vistan de modelos o que sólo piensen en la belleza física? ¿A cuántos les parece mal -o peligroso- que sus hijos anden en motos o cuatriciclos? El ideal es niñas-vedettes y niños pequeños mafiosos. Es urgente, entonces, que padres, maestros y estado consideren que su función es importantísima, sostengan las leyes que les toca hacer cumplir, por sobre de las del mercado.